Traducción al inglés por Christine McCullum-Gomez, PhD, RDN, Bogotá, Colombia
En 2025, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y la Universidad de Antioquia presentaron la Guía Alimentaria para la Población Colombiana basada en Biodiversidad y Alimentos Reales. Este documento no es una receta única ni un manual técnico más: es el resultado de un proceso participativo con comunidades de los 13 territorios alimentarios del país, desde la Amazonia hasta el Caribe, pasando por el Pacífico, los Llanos y la región Andina.
La guía se elaboró mediante diálogos de intercambio de conocimientos con campesinos, comunidades indígenas, comunidades afrocolombianas, comunidades raizales, comunidades palenqueras y familias urbanas. Este enfoque permitió recoger saberes ancestrales, prácticas culinarias y realidades nutricionales diversas, reconociendo que Colombia no sólo es un país megadiverso en ecosistemas, sino también en cocinas, sabores y formas de relacionarse con la comida.
Tradicionalmente, las directrices dietéticas se han basado en parámetros universales que priorizan los nutrientes y las calorías, pero pasan por alto el contexto cultural, social y medioambiental. La nueva propuesta colombiana innova al incorporar la clasificación NOVA, que diferencia los alimentos según su nivel de procesamiento, destacando la importancia de preferir los productos frescos y reales a los ultraprocesados.
Además, introduce temas cruciales como:
– Soberanía alimentaria: derecho de los pueblos a decidir qué comen y cómo lo producen.
– Agroecología y sostenibilidad: la relación entre biodiversidad, agua y sistemas de producción responsables.
– Salud pública: recomendaciones para abordar problemas crecientes como la obesidad, la desnutrición y las enfermedades crónicas asociadas al consumo excesivo de alimentos ultraprocesados.
– Gobernanza alimentaria: estrategias que van más allá de la cocina e implican políticas públicas, acceso equitativo a los alimentos y protección de las semillas autóctonas.
El valor de esta guía reside en su utilidad práctica y relevancia local. Para las familias, ofrece una orientación clara sobre qué alimentos deben priorizar en su dieta diaria, cómo recuperar recetas tradicionales y cómo identificar los productos ultraprocesados que deben reducirse. Para las comunidades, representa el reconocimiento de sus conocimientos y de la importancia de mantener vivas sus tradiciones culinarias.
En la Amazonia, se promueve el consumo de frutas autóctonas, raíces y pescado local.
En la región andina se están recuperando los platos a base de patata, maíz y quinoa.
En la Costa Caribeña se valoran el pescado, el marisco y las combinaciones a base de coco.
En la costa del Pacífico, se están reforzando los platos tradicionales afrocolombianos haciendo hincapié en los productos frescos de origen local.
Para los responsables de la toma de decisiones, esta guía también ofrece datos sobre las necesidades energéticas y nutricionales de la población por regiones, indicadores medioambientales como la huella de carbono y de agua, y propuestas para integrar las consideraciones alimentarias en las políticas públicas.
En un país con altos niveles de desigualdad alimentaria, esta guía pretende convertirse en un instrumento de transformación social. Su importancia trasciende la nutrición individual: refuerza la identidad cultural, impulsa la economía local, protege la biodiversidad y propone soluciones a los retos del cambio climático. En definitiva, la Guía Alimentaria de la Población Colombiana basada en la Biodiversidad y la Alimentación Real invita a todos los colombianos a redescubrir la riqueza de su tierra y a tomar decisiones conscientes que beneficien a su salud y a la del planeta.
2025 Noviembre